de un domingo.
Tu equipo descansó. Los clientes están en pausa. Y tú... sigues frente a la computadora.
No porque haya una urgencia real. Sino porque ya no sabes cómo no trabajar.
Porque si tú paras, para todo. Y eso, en silencio, lo sabes desde hace tiempo.
Construiste un negocio para tener libertad.
Y creaste el trabajo más agotador que has tenido en tu vida.
Yo llegué al millón de dólares y ese mismo día estaba llorando en el baño de un hotel. Había champagne, fotos, aplausos. Todo lo que se supone que debes querer. Y lo único que pensé fue: ¿a qué costo?
Esa es la trampa que nadie te advierte cuando empiezas. No es falta de estrategia. No es falta de esfuerzo. Es que nadie te enseñó a dejar de ser el personaje y empezar a dirigir la película.
el 31 de julio.




